Contra el absentismo laboral y la baja productividad, póngame una crisis

Hace relativamente poco tiempo, leía que, en 2009, y por primera vez, el absentismo laboral en España se situó por debajo de la media europea.
Un informe de diciembre de 2009 publicado por la agencia de empleo Randstad iba más allá, y afirmaba que el absentismo laboral injustificado se redujo un noventa por ciento en dicho año, debido al miedo entre los empleados a perder su puesto de trabajo, quienes habían reducido al mínimo sus ausencias del trabajo.
Según lo publicado en el informe, cada año se pierden en España más de sesenta horas laborales por trabajador, lo que se traduce en un ingente gasto para las empreseas, la Seguridad Social y las mutuas aseguradoras, sin descuidar el factor de la productividad. De acuerdo con el informe, el coste del absentismo laboral se traduce en torno a 2.000 millones de euros anuales. Ahí es nada.
Pero, parece que no hay mal que por bien no venga, y la archinombrada crisis, con su miedo sobre el inconsciente (consciente) colectivo inherente, ha logrado que la picaresca española (no nos engañemos, somos el país del “¡tonto el último!”) rebaje sus niveles de osadía, y que antes de avisar al jefe anunciando una supina resaca enmascarada tras una repentina gripe, nos lo pensemos un par de veces.
No sólo eso, la crisis ha logrado también que los niveles de productividad españoles se comporten algo mejor. De sobra es conocido que, siendo de los países europeos que más largas jornadas laborales “echa”, somos sin embargo de los menos productivos. Léase, no por estar más horas calentando la silla estamos más horas al pie del cañón. De hecho, el cañón lo atendemos poquito, muy poquito.
Y yo me pregunto, ¿es acaso esta picaresca parte de nuestra cultura, como lo es la tortilla de patatas o la verbena del pueblo? ¿O será que de tanto escuchar aquello de “Spain is different”, lo hemos asimilado demasiado bien?
Sea como fuere, no deja de ser paradójico, que tengamos que vivir un momento de tremenda incertidumbre económica para que nos comportemos honradamente. Como el niño que sólo deja de molestar a los compañeros so amenaza de ser expulsado de la clase. No es, desde luego, algo de lo que enorgullecernos, este “Spain is different”, las cosas como son.
Desde luego como cultura tenemos muchísimos aspectos positivos, alimentados por nuestro clima y nuestra forma de repartir el tiempo, pero ciertas actitudes nos alejan tanto, tanto del resto de países europeos (los del norte, fundamentalmente), que uno no puede dejar de preguntarse si no deberían añadir la palabra “forzada” entre “Unión” y “Europea”.
Por cierto, ¿cuándo se marcharán definitivamente los nubarrones de la puñetera crisis?